
Sin ser un experto
en este día de invierno gris
seguro
me hablarías de la clorofila y sus propiedades
que hacen que las hojas de ciertos árboles nobles
tiñan de rojo las veredas de la calle Pedro Rico
donde se jugó parte grande de nuestra infancia…
Sin ser ni siquiera un letrado
me hablarías
en este oscuro mes de junio
de las metáforas nerudianas que nos tragamos con un vaso de vino
provenientes del ruido de los trenes de Temuco
y de los gastados ascensores del también gastado puerto de Valparaíso…
Sin una gota de formación para albañiles, con tus manos duras y morenas,
me darías una cátedra acerca de cómo se adhiere una baldosa sobre un suelo pedregoso…
No habiendo jamás subido ni un puto cerro de la brillante cordillera que amaneció más blanca hoy después de la lluvia,
me llevarías sin saber cómo por un acantilado de piedras preciosas, con sus nombres, origen y quebrantos…
Sin tener idea siquiera de ecuaciones perfectas y del movimiento de los astros,
estoy seguro,
me conducirías por el universo que no vemos y que sólo adelantados como tú han navegado sin moverse de su pieza…
Sin ser un chamán, ni siquiera un místico,
seguro me comentarías acerca de los demonios de los tiempos que nos llevan
y
estoy seguro
no calzarías los pasos del apocalipsis …
(“en días como este, más se te extraña…” Juan)