Había una típica conversación, muy antigua, que se desarrolló en el bar: Odiseo, vuelve de la guerra de Troya, ansioso - supuestamente - de regresar a su natal Itaca a reencontrarse con su esposa Penélope asediada por una multitud de pretendientes...Pues en la gran aventura de regreso, que significaron muchos años y que dio origen a La Odisea de Homero, Odiseo - valga la redundancia -se enfrenta a innumerables pruebas para su ingenio y capacidad. En una de ellas, debe atravesar un mar poblado de Sirenas que atraen a todo navegante que oye su dulce canto y jamás las abandona y jamás retorna a su país de origen.
Odiseo es advertido por Circe, no oigas a las Sirenas, de lo contrario, no volverás a tu hogar nunca. ¿Qué hacer ante semejante dilema? Pues el astuto Odiseo ordenó a los navegantes que le acompañaban taparles los oídos con cera. ¿Y él se tapó los oídos? De ninguna manera, y aquí se revela, una vez más, el ingenio del guerrero creador del caballo de Troya, y la astucia de la razón. Odiseo, es atado al mástil de la nave por sus propios hombres hasta que atraviesen la seductora ruta, para así lograr su destino sin dejar de oír el canto de las sirenas...
Rescaté ese mito, narrándolo a la vela del delirio, y lo rescato ahora, porque me parece que un guerrero, un búfalo, o como quieran ponerle, debe ser capaz de alcanzar su destino, sin dejar de oír el canto de las sirenas, siendo capaz de dejarlas luego de disfrutar ampliamente su canción. Más que una invitación , es un desafío, el reto de terminar nuestro camino aunque sea aceptando múltiples invitaciones.
No debemos abandonar la canción de las sirenas ni perder nuestra ruta, en la conjugación de esto, va la apuesta de la vida o la muerte...
¡Larga vida y prósperidad!
¡En nuestro recuerdo se queda estampada la sonrisa de tu mirada Capitán Luis Roberto Alvarez Marilao!
Secretariado General Búfalos Mojados
Mayo 05 de 2008
Mayo 05 de 2008